La solución estaba en casa

No estoy de todo de acuerdo de
que el curso pasado fue una temporada para olvidar. En mi opinión, lo sucedido
después del descenso del Rayo se
debe recordar, sobre todo ahora, una vez abierto el mercado de fichajes, cuando
toca planificar el curso que viene, reforzando bien al equipo para que esta vez
sí sea capaz de luchar por volver a Primera
División
. La campaña pasada la calificaría yo como una temporada de
transición. Pienso que no se debe olvidar para que no se repitan los graves y
numerosos errores, sobre todo en el ámbito de la planificación deportiva.
Con los ascensos del Levante y del Getafe, el Rayo resultó
el único equipo de los descendidos el año pasado que no logró regresar a la
máxima categoría del fútbol español. Es más, el objetivo, que al principio
había sido volver a la élite, muy pronto pasó a ser la permanencia. Al Rayo le faltó un proyecto suficiente
para  pelear por algo más que la
salvación, asegurada de manera matemática en la antepenúltima jornada, y que unos
meses antes de aquel partido en La
Romareda
había parecido un auténtico milagro. Cuando Míchel cogía las riendas del primer equipo en plena crisis tanto
deportiva como institucional, una parte del rayismo ya empezaba a asumir que se
fuera a repetir la historia del año 2004, del segundo descenso consecutivo. Ese
desenlace más pesimista finalmente se pudo evitar por el gran trabajo de Míchel, quien consiguió cambiar la cara
del equipo que por fin reaccionó aquel día de la visita del Real Oviedo a Vallecas. Aquella victoria en casa frente al conjunto carbayón fue
un punto de inflexión. A pesar de que la cosa pudo acabar mucho peor, hay que
considerar la temporada 2016/17 totalmente decepcionante por parte del conjunto
franjirrojo.
Lo que sin duda alguna perjudicó
al Rayo el año pasado fueron las
decisiones tomadas justo después del descenso. Ante la baja de Felipe Miñambres la directiva tomó la
decisión de apostar por Ramón Planes que no resultó acertada.Por
supuesto fue muy difícil igualar el nivel del artífice de varias permanencias
en Primera, pero los aficionados
rayistas en general están decepcionados con el trabajo del que hubiera sido
director deportivo del Elche el
curso anterior. Con varias incorporaciones de la gente ya conocida de su etapa
en el club ilicitano, de los cuales la mayoría fracasaron, Planes no cumplió
con las expectativas. Entre los fichajes con el pasado franjiverde destaca el
del entrenador Rubén Baraja, quien
sustituyó en noviembre a José Ramón
Sandoval
, cesado tras la derrota ante el UCAM Murcia en casa. Sin embargo, el que fuera director deportivo
del Rayo tuvo también sus méritos,
como por ejemplo las incorporaciones de Ernesto
Galán
o Paulo Gazzaniga, este último en calidad de
cedido, o el negocio de la venta de Jozabed
al Fulham inglés. Tras la dimisión
de Planes, el ahora director
deportivo del Getafe, su cargo lo
asumió el que no hace mucho había defendido la portería rayista, David Cobeño.
El descenso de la entidad
vallecana no supuso ninguna limpia en el vestuario. Además, se decidió renovar
a varios jugadores de la plantilla, no dando tampoco salida a otros, ya que la
directiva del Rayo consideraba
mantener el bloque de la plantilla de Primera la mejor manera de empezar la
lucha por el ascenso. No obstante, algunos de los que habían rendido bien en la
máxima categoría en Segunda no
consiguieron dar la talla, cuajando actuaciones decepcionantes y discretas,
tampoco mostrando la actitud suficiente para tirar del carro. Es más, la figura
más destacada de la plantilla rayista fue Fran
Beltrán
, un jovencito canterano, quien subió del Juvenil A al primer equipo por la lesión de Raúl Baena,
convirtiéndose en un jugador clave e imprescindible, despertando interés de
varios equipos de Primera y
ganándose un contrato profesional. La renovación de Fran, quien ha cumplido 18 años este año, fue una de las noticias
más positivas para el rayismo a lo largo de la temporada. En el tramo final de
la competición el mediocentro amplió su vinculación con el conjunto franjirrojo
hasta 2020. Todos esperamos que el siguiente será Pablo Clavería, cuyo contrato finalizó el 30 de junio. La afición
rayista está pidiendo a gritos un contrato profesional para el capitán del
filial quien, tanto por su calidad futbolística como por su compromiso
indudable, merece formar parte del primer equipo sin lugar a dudas.
Parece que los resultados
logrados por Míchel en el tramo
final de la temporada pasada le hicieron a la directiva del conjunto
franjirrojo decantarse por la “gente de casa”. No lo digo sólo por la decisión
de dejar la dirección deportiva en las manos de David Cobeño –  era lo más previsible, ya que el ex-guardameta había estado
preparándose por asumir ese cargo trabajando al lado de Planes – sino
también por la contratación de Luis
Cembranos
como entrenador del filial. El curso anterior la solución de los
problemas deportivos del primer equipo estaba en casa. Fue Míchel, el mito rayista y hasta entonces el entrenador del Juvenil A el que salvó al primer equipo
del descenso. Pese a su poca experiencia en los banquillos, cumplió con creces,
no sólo logrando cambiar la actitud de los jugadores, sino también volviendo al
estilo de juego al que estaban acostumbrados los integrantes de la plantilla
quienes habían estado en el Rayo en
la época de Paco Jémez. La vuelta a
esa filosofía de fútbol tan conocida sumada al sentimiento rayista de Míchel dio sus frutos en forma de
buenos resultados que le permitieron al Rayo mantener la categoría.

Ojalá a partir de ahora empiece
un nuevo proyecto ilusionante con los objetivos de los ascensos del primer
equipo y del filial respectivamente a Primera
y a Segunda B. Lo que me alegra más
es que este proyecto lo están encabezando auténticos ejemplos de rayismo. Ojalá
tenga más protagonismo la cantera. Espero ver jugar en el primer equipo a los Clavería, Aki o Joni Montiel.
También confío que no se vayan a repetir los errores cometidos el año pasado en
el ámbito de la planificación deportiva y estén los que de verdad quieran estar
y dejarse la piel en el campo por esa Franja roja en el pecho. Porque en la
categoría de plata, el factor decisivo no es el presupuesto. Es importante,
pero no fundamental. Lo básico es el sentido de pertenencia, el compromiso y la
actitud de los jugadores. Cuantos más jugadores que realmente sientan la
Franja, mayores nuestras opciones de conseguir los objetivos y superar los obstáculos.
Edyta Pieron


Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *