Anoche me dejé llevar en sueños y regresé al pasado, recordaba veranos, pretemporadas y temporadas del Rayo Vallecano, en los que  podríamos decir sin temor a equivocarnos que cualquier tiempo fue mejor.
Soñaba con aquellos veranos en los que  los niños ansiábamos que empezara la colección de cromos, donde nuestra única preocupación era que nos tocaran pronto los fichajes del Rayo, porque era un número bajo y enseguida los sacaban, de hecho no nos importaba nada si ese fichaje tenía una ficha de X o si cobraba en A o en B, para nosotros eso no existía, si se daba la baja a algún jugador a nosotros lo que nos importaba era que nos saliera el famoso “coloca” para completar nuestro álbum de sueños rayista, ni pensábamos ni nos importaba si ese jugador había causado baja porque se le debía dinero, porque su Presidente le había denunciado o porque quería volar para ganar más dinero, a nosotros sólo nos importaba completar la hoja del álbum del Rayo Vallecano para ir al cole a fardar de ser el primero en tener a todos nuestros ídolos, a demostrar a Manolito, a Pepito y a Juan que para nosotros la colección estaba ya completa al 99%, porque nosotros sólo éramos del Rayo y estábamos orgulloso encima de serlo.
Anhelábamos abrir el As por el medio como todo buen rayista que se precie (con los años aprendimos que la última también es imprescindible) y encontrarnos en las 4 o 5 líneas que nos dedicaban, con la noticia de posibles intereses e incluso fichajes consumados de algún pelotero nuevo que nos ilusionara, para bajar a celebrarlo con los demás colegas rayistas y empezar a fantasear sobre el equipazo del año que viene.
En mi sueño volvíamos a ser esos críos que corríamos detrás de los jugadores para que nos firmaran una foto, esas fotos que su club les daba para hacer feliz a un chaval que fantaseaba con correr por la banda de la Albufera defendiendo con orgullo la franjirroja, esa misma camiseta que año tras año y verano tras verano, siempre nos parecía la más bonita del fútbol español, esa nueva camiseta que esperábamos con nervios a que nos mostraran el día de la presentación oficial en el Estadio, antes de irse de Pretemporada, ese día que todos los chavales teníamos marcado en rojo en nuestro calendario porque podríamos bajar a ver si es verdad que Polster era tan alto como decían, a ver si “Willy” había mejorado ese castellano suyo, a ver si Isi se enrollaba y por una vez nos regalaba alguna cosita olvidada en el vestuario, a ver si Onésimo nos volvía a dejar las llaves del SEAT Toledo para buscar sus fotos en la guantera, mientras nos dice entre risas “cabrones no me liéis ninguna eh que vosotros sois vallecanos de los chungos”.
Anoche volví a ver el fútbol de pie, con aquellos que me metieron este sentimiento en el cuerpo, incluso se volvía a ir la luz durante el partido y hacíamos fogatas como aquellas noches frías de Copa del Rey, ayer nadie discutía porque ocupabas su asiento o porque te levantabas, la única discusión que se oía era porque no te comías todo el bocata que te habían preparado en el descanso o porque no te gustaba el vino que llevaban los más veteranos en sus Botas.
No se hablaba de compromiso, ni de actitud, ni de esquemas, simplemente se hablaba de la raza del gran capitán Cota, de los pepinazos letales de García Cortés o simplemente se oía a la grada reconocer los méritos de un currante con el ya famoso “Alcázar Bota de Oro”.
Esos niños del sueño eran felices viendo a su Rayo en Vallecas, en Huelva o en La Coruña, poco les importaba a ellos ideologías, colores y política, para ellos esto era un deporte y ganara o perdiera su equipo, el domingo siguiente volverían a animarle más orgullosos aún.
Para ellos no había más Ley que la del fútbol y era que normalmente suelen ganar los buenos y alguna vez los humildes tiraban de casta y rompían esa ley.

Entonces al día siguiente era tu momento de gloria en el cole y no se escapaba ni el Director, lucías tu franjirroja con mayor satisfacción y orgullo que nunca, aún a sabiendas que la semana próxima te tocaría recibir palos, pero tu momento valía por 100 momentos de ellos, porque lo fácil era ser del que siempre gana, pero lo bonito realmente era lo tuyo.
Por desgracia la magia del sueño se desvanece al amanecer un nuevo día y entonces te das de bruces con la cruda realidad rayista, donde hemos perdido gran parte de nuestra esencia, donde la única Ley que conocemos es la Concursal, donde damos las gracias a todo aquel que se “atreve” a fichar por el Rayo y donde los intereses por parte de todos se mueven a una velocidad infinitamente superior a la de los balones en los pepinazos de García Cortés.

Ni siquiera queda nada del gran Onésimo que conocimos, ahora alguien que se lo ha debido comer habla en su nombre y se atreve a deshonrar la franja que vistió, con unos lamentables hechos.

Aquellos cánticos de la grada a los jugadores, se han convertido en cánticos también hacia el palco y que esas fotos a los jugadores el club las ha cambiado por sobres que contienen denuncias hacia sus personas.
A pesar de todo, lo único que no ha cambiado y que no cambiará jamás es el orgullo que esos críos sentían por ser del Rayo Vallecano, eso no cambiará y gracias a ello seguiremos luchando para que nuestros niños en un futuro puedan vivir todo eso que sus padres ahora añoran y que reviven en sus mejores sueños.
Escrito por: Alberto Leva (Presidente de la Peña Rayista Piti)
Fotografia: Alberto Leva (Presidente de la Peña Rayista Piti)